sábado, 18 de mayo de 2013

DEPORTES / El Atlético de Madrid gana al Real Madrid su décima Copa del Rey

Real Madrid 1 - Atlético de Madrid 2. Fue el ajuste de cuentas perfecto: ganar al eterno rival, además en su propio feudo, con un trofeo de por medio, tras 14 años sin lograr una sola victoria contra los blancos en ninguna competición... Y con la guinda de ver la expulsión de los odiados Mourinho y Cristiano Ronaldo (éste por una clara agresión). En un partido clásico de Copa, con más empuje y emoción que calidad, el resultado pudo ser otro si al Madrid le hubiera entrado alguno de los tres postes o si Courtois no hubiera estado tan enorme en la portería o si Juanfran no hubiera sacado un balón bajo los palos... Pero anoche los astros se conjuraron para compensar a los rojiblancos de tantos años malogrados ante los merengues. Y con creces, porque se trata de la décima Copa del Rey para el Atlético de Madrid, que sigue engrosando sus vitrinas desde los últimos años y, en concreto, con Pablo Simeone como entrenador, que, a falta en ciertos aspectos de calidad, ha dado al equipo lo que le faltaba: confianza en sí mismo y madera de ganador. Pero la habilidad técnica también la tenemos, y de ello fue buena prueba el primer gol Atlético, el del empate, cuando Falcao mareó como quiso a Albiol y Khedira para realizar un pase magistral a Diego Costa, que prolongó con acierto y lanzó un zurdazo cruzado y ajustado al poste, imposible de parar para Diego López. Todo lo demás fueron más ganas que acierto, y control no hubo tampoco mucho. Pero las tablas estaban en el marcador cuando, en la prórroga (minuto 99), Miranda se adelantó a la media salida del cancerbero madridista,  en un córner sacado por Koke,  para rematar así el gol y la victoria. Una victoria muy dulce.

El equipo campeón de la Copa del Rey 2012-13:

PORTERO: Courtois
DEFENSAS: Juanfran, Miranda, Godín y Filipe Luis
CENTROCAMPISTAS: Arda Turan (Christian Rodríguez, m.110), Mario Suárez, Gabi y Koke (Raúl García, m.112)
DELANTEROS: Diego Costa (Adrián, m.106) y Falcao



lunes, 13 de mayo de 2013

ECONOMÍA / Las dos tragedias de Bangladesh: más de 1.100 muertos

El derrumbe el pasado 24 de abril de la fábrica textil Rana Plaza ha dejado en evidencia dos cuestiones. Una más aparente y terrible, que es la muerte de más de 1.100 personas, de las cerca de 5.000 que se encontraban en ese momento trabajando, debido a las pésimas condiciones del edificio. Y otra detrás e igualmente terrible: las miserables condiciones laborales (es un decir) a que se ven sometidos los trabajadores, con salarios paupérrimos (desde 30 dólares mensuales) y jornadas extenuantes en un ambiente deplorable. De la primera tragedia se ha beneficiado hasta ahora el propietario del Rana Plaza, Mohammed Sohel Rana (ya detenido), al no invertir ni siquiera un mínimo decente para el mantenimiento de las instalaciones. De la segunda tragedia se han visto beneficiadas en muchísima mayor medida las cadenas de ropa que venden caras las prendas eloboradas a precio de saldo en fábricas como Rana Plaza, en un sistema que no puede sino denominarse apropiadamente multinacional del esclavismo. La española El Corte Inglés, la británica Primark, la canadiense Loblaw y la danesa Group PWT ya han reconocido que compraban ropa en Rana Plaza, pero todos sabemos que es una sucia y generalizada práctica.

¿Y qué hacemos? ¿Compramos menos ropa? Comprar sólo lo justo siempre es una buena idea. ¿Miramos la etiqueta para ver dónde se fabrican las cosas? Si ya todas las empresas textiles están deslocalizadas en países pobres. Y tampoco es plan de dejar de hacer negocio con economías más frágiles que la nuestra. No. La solución debe ser otra. Debe ir en la línea de establecer mayores salarios mínimos en todo el mundo (y más cuantiosos aún en el caso de empleados de multinacionales extranjeras), de modo que las empresas no jueguen con el factor de la mano de obra semiesclava. No es justo para nadie, ni para los trabajadores de Bangladesh ni para los trabajadores de España, ni para los consumidores de ninguna parte. Los salarios fluctúan en función de cada país y su nivel de vida, pero hay que limitar esas variaciones para abandonar las actuales cotas de explotación laboral.

jueves, 25 de abril de 2013

CINE / 16º Festival de Málaga (y 2)

"Manos arriba, esto es un contrato", de Javier Gascón (Documentales)
Documental bienintencionado y necesario sobre las consecuencias personales (recoge testimonios de 31 casos) y, en última instancia, sociales de toda la serie de productos tóxicos que la banca ha endosado a la gente en este país durante los últimos años, muchas veces sin consentimiento expreso de los depositantes. La acumulación de estas auténticas estafas organizadas y su confluencia con el estallido de la crisis (si es que aquéllas no han sido una causa de ésta) han desatado una quiebra generalizada de muchas familias (más de dos millones de afectados solamente por las preferentes, con un saldo de dinero perdido de 22.000 millones de euros). Por tanto, era necesario llevar esta historia al cine y, a pesar de las ciertas carencias (técnicas y explicativas), se trata del documento histórico de una historia para no repetir.

"Hijo de Caín", de Jesús Monllaó (Sección Oficial)
Un planteamiento atractivo, un hijo con serios problemas de comportamiento (especialmente con su padre) que empieza a ser tratado por un psicólogo con el enganche del ajedrez como pasión, da lugar a un filme que se sigue con interés, aunque parece que en un momento dado toma una deriva decididamente telefilmera... Pero, no os preocupéis, falsa alarma. Todo queda explicado y es resuelto convincentemente. No deja de ser una historia más efectista que profunda, pero se deja ver...

"Casting", de Javier Naranjo (Sección Oficial)
Estamos ante una obra de factura amateur, que delata un cine más hecho por vocación que con medios. Pero poco a poco las historias van creciendo lo suficiente como para olvidar cuestiones estilísticas. Aquí se narran las idas y venidas de una serie de actores principiantes (interpretados con lógica verosimilitud por actores principiantes) que acuden a un casting a buscarse un hueco en el difícil mundo de la actuación. Y la película acaba dejando un cierto buen sabor de boca.

martes, 23 de abril de 2013

CINE / 16º Festival de Málaga (1)

Nueva edición del Festival de Cine Español de Málaga, todavía con la noticia caliente del cese de actividades de Alta Films, la mayor distribuidora de cine de autor. Qué pasará con el cine en este país es algo que no se puede saber pero pinta muy, muy mal... De momento, no sé si es que se empiezan a notar los recortes en la producción cinematográfica, las películas vistas este año en Málaga son más bien discretas.

"Dos más dos", de Diego Kaplan (Territorio Latinoamericano)
Una de las mejores comedias vistas últimamente. La historia de un matrimonio que se ve arrastrado al intercambio sexual de parejas para animar así su relación, a pesar de las claras reticencias del protagonista (absolutamente espectacular Adrián Suar), genera una serie de situaciones y diálogos sobresalientes y tronchantes, sobre todo en la primera hora de metraje. Luego, la película modera su tono para escarbar en las consecuencias dramáticas del llamado swinging, si bien nunca pierde el fondo cómico y se cierra con un final que evidencia las contradicciones de los personajes y permite rematar la crítica a cierto modo de vida hippie-burgués. Lo que no resulta tan gracioso es que se trate de la última película distribuida por la (desgraciadamente) desaparecida Alta Films.

"El efecto K. El montador de Stalin", de Valentí Figueres (ZonaZine)
Curioso e interesante experimento cinematográfico que se vale de gran cantidad de imágenes de archivo para narrar la vida de un imaginario amigo del cineasta soviético Eisenstein que acaba convirtiéndose en agente secreto de Stalin. A través de este argumento, que permite múltiples posibilidades, asistimos a una especie de intrahistoria ficticia dentro del marco de la (apasionante y terrible) historia real de la primera mitad del siglo XX. Y, aunque peque de cierto tono amateur, no se puede negar su originalidad.

"Ayer no termina nunca", de Isabel Coixet (Sección Oficial)
Es arriesgado apostar tu película sólo a dos personajes que están todo el rato hablando en un mismo espacio. Hay que saber contar la historia, editarla bien y, especialmente, los actores deben estar sobresalientes. Pues ninguna de las condiciones se cumple, así que progresivamente se va haciendo repetitiva, pretenciosa y, finalmente, aburrida. Eso sí, me temo que su predicción sobre la situación futura de España puede ser acertada.

"Combustión", de Daniel Calparsoro (Sección Oficial)
No empieza mal la película, con el retrato de una sofisticada banda de ladrones que persigue dar el golpe maestro en una joyería. Luego se mezcla con una historia de amor básicamente no creíble y la pasión por los coches que busca más el efectismo que otra cosa, con lo que el castillo de naipes se acaba derrumbando. Dicen que es un filme para un público adolescente que busca sensaciones fuertes. Yo tengo mejor concepto de los adolescentes.

jueves, 18 de abril de 2013

CINE / La caída de Alta Films o el fin de la cultura del cine

Quizá no nos ha pìllado del todo por sorpresa la caída de Alta Films, la distribuidora, exhibidora y productora de Enrique González Macho, para más inri, presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Los que seguimos viendo el cine en las salas ya nos estábamos dando cuenta de la progresiva bajada de espectadores. Ayer, sin ir más lejos, éramos literalmente cuatro viendo en los madrileños cines Acteón (¡en el día del espectador!) "Alacrán enamorado" (una buena película de Santiago Zannou y precisamente producida por González Macho). Pero no por mucho esperado duele menos. El cese de actividades de la mayor distribuidora de cine de autor y dueña de los famosos cines Renoir, entre otros, es más que un fracaso empresarial. Es una pérdida enorme para el cine, para la cultura en nuestro país. "Es por el pirateo de internet, es porque el mercado del DVD está hundido", se alega. Y se trata de problemas de fondo a tener en cuenta. El auge online y el fracaso del formato DVD afectan al cine de forma similar a como el intercambio en la red y el fin del CD han destrozado la industria musical. Pero no olvidemos que en ambos casos estamos hablando tanto de una galopante miopía que ha impedido sacar partido de internet (y en lugar de ello ha supuesto el derrumbe) como del erróneo pensamiento de que el formato digital permitiría un interminable pelotazo (y se lo han comido con patatas). No, no son estos los problemas principales, sino meras excusas de perdedor, lugares comunes de impacto fácil pero que encaran el problema desde un análisis equivocado.

Abordemos el origen del quebranto del cine en nuestro país. Por un lado está la cuestión cultural. ¿En qué colegio o instituto se estudia el cine como un arte más, como la pintura o la literatura? ¿En qué ambiente cinéfilo hemos crecido (y crecen nuestros hijos) para asumir que da lo mismo ver una película en una sala que en casa o en un indescifrable screener bajado de internet? Y en este caldo de cultivo llega la crisis, una tan tremenda que reduce el consumo al mínimo y, claro, ¿algún distribuidor o exhibidor ha sido realmente consciente de los precios de las sesiones? ¿Ocho, nueve o diez euros es un precio apropiado ante semejante situación económica? El cine fue refugio de muchas personas tras el crash económico estadounidense de 1929, es decir, que el negocio cinematográfico puede sobrevivir a una crisis, pero requiere adaptarse a las condiciones de mercado. Y esto nos lleva al punto más trascendente, el comportamiento del actual Gobierno, que, lejos de apoyar el cine como cultura, le ha dado la puntilla. Primero, con los recortes en TVE, la principal productora de películas de este país. Y después, con la subida del IVA al cine hasta el 21% (frente al 4% de los libros, por ejemplo). Las consecuencias estaban cantadas. En lugar de promover un sector que es cultura, como es evidente, y además es industria, es decir, creador de empleo (¿alguien se ha preguntado cuántas personas trabajan en una película media? Varias decenas, a veces cientos), se ha abandonado el cine a su suerte. Y el primero en caer es el que durante toda su vida ha arriesgado su dinero para traernos lo más selecto de la cinematografía mundial de ese denominado cine de autor, a veces excusa de infumables bodrios, pero la mayor parte de las ocasiones terreno propicio para las obras maestras, joyas de la cultura equiparables a cualquier maravilla en otras artes. González Macho nos ha traído a Woody Allen, Eric Rohmer,  Roman Polanski, Steven Soderbergh, Michael Moore, Stephen Frears, Michael Haneke, Nanni Moretti, Arturo Ripstein, Michael Winterbottom, Mike Figgis, Mike Leigh, Danny Boyle y tantos otros... ¿Quién nos traerá ahora a los futuros maestros del cine? ¿Estaremos condenados a ver repetidos en todas las multisalas los blockbuster del momento? Es más, si sigue la tendencia, ¿desaparecerá un arte que apenas estaba empezando a vivir su segundo siglo de existencia? En manos de todos está que no sea así: desde las instituciones públicas hasta cada uno de nosotros. Id al cine a ver buen cine.

miércoles, 10 de abril de 2013

OCIO / Santa Marta gana el V Concurso de Tapas de Quintanar

Con un retraso inexplicable (e inexplicado), ya se ha conocido la clasificación de la quinta edición del Concurso de Tapas de Quintanar de la Orden, que se celebró durante los fines de semana del 1 al 17 del pasado mes de marzo. El máximo galardón ha recaído en el restaurante Santa Marta y sus "Gambones a la Newburg", precisamente la única tapa de las primeras que no probé, así que no puedo opinar. Habrá que fiarse. Pero echo en falta, al menos entre el trío de cabeza, un plato con riesgo y muy buen resultado como el "Prado de calabaza y tubérculo de vieira", de El Granero. A veces la miopía impide apreciar algunas maravillas sutiles.

En cualquier caso, enhorabuena a los premiados y ésta es la clasificación final:

1. SANTA MARTA: "Gambones a la Newburg"
2. EL RINCÓN DE LA MANCHA: "Placeres del Rincón"
3. CASTELLANO: "Lechona confitada con puré de castañas hash browns y aceite de romero"
4. LA TABERNA DEL TÍO JOSÉ: "Casa Real"
5. MÓNICA: "El sabor agridulce de la vida"

domingo, 7 de abril de 2013

POLÍTICA / Documental "Corea del Norte: un día en la vida" (2004)

¿No tenéis curiosidad por conocer el día a día en Corea del Norte? El documental holandés "Corea del Norte: un día en la vida" (Pieter Fleury, 2004) lo cuenta (en youtube está dividido en cinco partes). Aunque está financiado por el gobierno norcoreano, supuestamente a mayor gloria de su propio régimen, nos podemos hacer una idea de la realidad del país (e imaginar lo que no se ve, claro). Cada cual que saque sus propias conclusiones.

viernes, 5 de abril de 2013

ARTE / Hiperrealismo (1967-2012) en el Thyssen


La exposición que ofrece el Museo Thyssen sobre la pintura hiperrealista, que se inauguró el pasado 22 de marzo y se mantendrá hasta el próximo 9 de junio, es una magnífica oportunidad (primera en España) de contemplar tal conjunto de obras de este estilo que, nacido en Estados Unidos a finales de los años 60, trata de emular al máximo la realidad como si se tratara de una fotografía. La evolución técnica de estos artistas ha llevado a que muchos de los cuadros funcionen perfectamente desde ese supuesto y sumerjan al espectador en paisajes, objetos y cuerpos plasmados con una perfección asombrosa. La muestra recoge desde los pioneros norteamericanos del hiperrealismo (llamdo inicialmente fotorrealismo), como Richard Estes, John Baeder, Robert Bechtle, Tom Blackwell o Chuck Close, hasta artistas internacionales más recientes que mantienen vivo (y mejorado) el género, como Roberto Bernardi, Yigal Ozeri, Ben Johnson, Bertrand Meniel, Robert Gniewek, Peter Maier, Raphaella Spence, Clive Head o el español Bernardo Torrens.

¿Mis cuadros favoritos de la colección? Qué decir de la perfección en el retrato humano que supone "Lizzie fumando" (2010), de Yigal Ozeri, o  de un paisaje como es "Casa nevada" (1998), de Rod Penner, o de una gran urbe iluminada como es "La ciudad que nunca duerme" (2012), de Bertrand Menier, o de detalles de automóvil con reflejos como "Plum Delicious" (2006), de Peter Maier, o de la complejidad del escaparate de "Maniquí con lentejuelas" (1985), de Tom Blackwell, o, por supuesto, del más expresivo "Cabinas telefónicas" (1967), de Richard Estes. El hiperrealismo nació en cierta manera del pop-art, tratando de retratar objetos, personas o paisajes cotidianos, pero dando el paso más allá de ser absolutamente fieles a la realidad. Y esa es la cuestión: ¿al dejar a un lado la expresividad en favor de la fidelidad se pierde de alguna manera el sentimiento artístico o se trata simplemente de otra forma de arte? Me decanto por lo segundo, pero entiendo las limitaciones que ello implica.

martes, 26 de marzo de 2013

LIBROS / "El Atlas Financiero: la estafa del siglo" (2012)

La edición española del prestigioso Le Monde Diplomatique ha publicado en diciembre de 2012 (con mucha información actualizada y visualmente muy bien presentada) un imprescindible análisis acerca de la denominada crisis económica que está sufriendo el capitalismo avanzado y que sus autores concluyen no es más que una verdadera estafa perpetrada por los distintos resortes de poder del sistema. El estudio es muy amplio y ambicioso, y comprende cinco grandes bloques (a su vez subdivididos en didácticos y aleccionadores artículos temáticos): "Características de la crisis" (10 entradas), "Anatomía del crac" (7), "El papel de la banca" (19), "La era del parasitismo" (11) y "Soluciones para salir de la crisis" (9). Se trata de un documento absolutamente clave para comprender lo que está ocurriendo y poder así formarse una opinión más exacta de nuestra situación, sus consecuencias y las posibles alternativas para encauzar los problemas. Que no son pocos y que se enmarcan en un momento histórico totalmente crucial para definir por dónde va a evolucionar nuestra sociedad en el futuro.

domingo, 24 de marzo de 2013

ECONOMÍA / Crisis económica: análisis y solución



¿Qué ha pasado?

A estas alturas de la crisis económica (2008-?) parece claro que la culpa no fue de Zapatero. Pocas personas pueden vanagloriarse de haber predicho con suficiente antelación la enorme catástrofe que se avecinaba en los países de economía capitalista desarrollada. Menos aún los políticos, en su mayor parte meros gestores aficionados a estadistas (en algunos casos, aceleradores del proceso; en otros, directamente aprovechados). La crisis actual es de una complejidad enorme y atañe, por un lado, a la desregulación del sistema económico, que permitió el auge de productos derivados y otros productos tóxicos que embaucaron a mucha gente y a su dinero (fue causa de la primera parte de la crisis en Estados Unidos y en España se está viviendo con las preferentes, por ejemplo). Por otro lado, la burbuja inmobiliaria (existente tanto en Estados Unidos como en muchos países europeos, como -por este orden- Irlanda, Países Bajos, Reino Unido, Francia y España) ha dejado atrapada a mucha gente con créditos imprudentes sobre precios irrealmente elevadísimos, al tiempo que ha lastrado a muchas entidades financieras con relativamente altas tasas de morosidad. A su vez, una de las principales causas de la burbuja (y del recalentamiento de la economía) fueron los tipos de interés bajos fomentados por el Banco Central Europeo (y sobre los que, recordémoslo, los países de la Unión Europea no tienen control), principalmente por conveniencia de una Alemania que necesitaba dinero barato para su reunificación. Pero vino bien a todos: a las personas para comprar viviendas (esa tradicional costumbre española) y a las empresas para generar operaciones apalancadas.Y a los Gobiernos (central, autonómico y municipal) para recaudar a espuertas con tanto movimiento económico. Pero nos pasamos de frenada, la gente (la clase alta y no tan alta) pasó de comprar viviendas para uso habitual a especular con ellas a corto plazo, las compañías empezaron a sobreendeudarse y las Administraciones miraron para otro lado. Todos (los listillos) sacaron tajada. Así, cuando todo colapsó nos encontramos con la desaparición del sector inmobiliario (sólo la inversión residencial llegó a suponer el 9,2% del PIB en 2007), con lo que supuso de paralización de la actividad económica, desempleo masivo y cese de pagos a las Administraciones (ni por actividad, ni por licencias, ni por impuestos de sociedades ni por IRPF), disparando al tiempo los gastos sociales por todo el paro que empezaba a crecer. Por tanto, la caída de la construcción provocó un efecto de arrastre en la producción nacional, en las cuentas del Estado y en el tejido social del país. Desde ese momento, se empezó a desbocar la deuda pública. Lo que faltaba, porque la deuda pricada ya se había puesto por las nubes de tantas empresas que se habían apalancado y de tantas personas que se habían hipotecado. La deuda pública en España siempre fue moderada, pero ciertamente en los años de bonanza fue baja, muy baja en comparación con nuestro entorno. Digamos que lo contrario de Alemania, que incumplió 14 veces los criterios de Maastricht (claro que a ellos nunca se les penalizó por aquello ni fueron públicamente humillados). En concreto, la deuda pública española era del 36,2% en 2007 y se empezó a disparar sencillamente porque cayeron los ingresos y aumentaron los gastos de forma drástica y rápida.

A ello se sumó pronto la crisis financiera, cuando se desveló la infame gestión de cajas y bancos, que concedieron un exceso de créditos de difícil cobro (o a instancias de presiones políticas, en el caso de muchas cajas), incumpliendo cualquier principio racional de prudencia. Varias entidades se nacionalizaron (con el consiguiente sobrecoste de dinero público), algunas simplemente colapsaron (y fueron regaladas tras ser "salvadas"), pero la mayor parte inició una equivocada senda de concentraciones que no hizo sino extender la toxicidad por todo el sistema. Total, el entramado financiero quedó embotado, sin posibilidad de seguir ofreciendo siquiera los necesarios créditos para la marcha de las empresas generadores de actividad de este país. Por ello, a las muchas compañías que ya estaban cayendo por su pertenencia o relación el sector inmobiliario, ahora se unían todas las demás que no podían obtener financiación para su mantenimiento. Resultado: más batacazo del PIB, más desempleo y más descuadre de las cuentas públicas (del superávit del 2,4% en 2006 y del 1,9% en 2007 a los déficits del 4,5% en 2008, 11,2% en 2009, 9,7% en 2010, 9,4% en 2011 y 10,6% en 2012; y la deuda pasa del citado 36,2% de 2007 al 69,3% de 2011, al 88,4% de 2012 y al 90,5% previsto para 2013). El desfase se acrecentó porque se tomó la decisión (tanto por parte de PSOE como de PP) de utilizar dinero público para restacar al sistema bancario, incluyendo aquellos de nefasta gestión: más de 60.000 M€ entre 2010 y 2012 para todo el sistema financiero, a los que hay que sumar los 40.000 M€ pedidos prestados a Europa (a cambio de recortes generales del gasto, es decir, la austeridad, que es la -errónea- política que tomado la Unión Europea para afrontar esta crisis).

Ante el desbarajuste de las cuentas, con déficit y deuda crecientes, deuda privada por las nubes y nulas perspectivas de crecimiento, se originó la siguiente fase: la crisis de la deuda soberana. Es decir, los prestamistas internacionales nos empezaron a considerar un país de riesgo y exigieron mayores tipos de interés para seguir dejándonos dinero. Y la Unión Europea, en un nuevo alarde hacer bien las cosas, nos dejó solos ante la prima de riesgo (comparación con el -bajo- riesgo de Alemania) en lugar de asumir la deuda como el conjunto de países con moneda única que somos. Por tanto, durante los últimos años, España se ha estado financiando con tasas sobreelevadas con respecto al riesgo real que indicaban sus (todavía salvables) cuentas, de modo que ya en los Presupuestos de 2013 se contempla el pago de 38.589,55 M€ en intereses (frente a los 28.841 M€ de 2012) y subiendo... A este panorama desolador se ha sumado un nuevo error: la austeridad como forma de atacar la situación de crisis. Y es que si no se comprenden el origen y las causas de nuestra situación, y no se aprende de las lecciones de historia económica, las cosas van a ir a peor. Eso es lo que ha estado ocurriendo en nuestro país en los últimos tiempos, a raíz de las decisiones del último periodo del Gobierno de Zapatero y del actual Gobierno de Mariano Rajoy. Los recortes de gasto lo único que han provocado ha sido un mayor hundimiento de nuestra economía, abocada a prolongar la recesión y a padecer cifras astronómicas de paro durante demasiado tiempo. Si a un sector privado maniatado (sin créditos para crecer y sin demanda que consuma) se le suma un sector público que no gasta, ¿quién tirará del carro? Y eso nos lleva a la cuestión de qué hacer. Pero antes...

¿Qué se debería haber hecho?

A toro pasado, hay una serie de medidas que habrían causado menor sufrimiento al conjunto de la población y que hubieran proporcionado las condiciones para una recuperación más rápida. Frente a los productos tóxicos y, en general, la mala gestión de las entidades financieras, se debería haber dejado caer a los peores cajas y bancos, asumiendo el Estado únicamente la devolución de los ahorros por debajo de 100.000 €, así como poniendo mucho antes en los balances los precios reales de los devaluados inmuebles. El coste de esta decisión hubiera sido monetariamente inferior al "rescate" bancario (no hubiera ni requerido de préstamos a la Unión Europea), por no hablar de que moralmente habría sido una solución más justa para el conjunto de la población (incluyendo castigos ejemplares para los malos gestores), y se habrían puesto más rápidamente las bases para que la banca siguiera inyectando dinero al mercado. ¿Los contras? Básicamente, hubiera creado desconfianza en los prestamistas internacionales. Justamente lo que pasó de todas formas con el camino más doloroso que se tomó. Y posiblemente hubiera fluido antes el crédito mundial y con menores tipos de interés. Asimismo, si el mercado inmobiliario hubiera asumido antes el recorte de su valor, el parque de viviendas vacías podría estar ahora mismo ocupado, a precios justos y apropiados, pero por lo menos ocupado y pagando sus impuestos. Y si en vez de pura y dura austeridad se hubieran desarrollado medidas incentivadoras del crecimiento económico (al tiempo que se racionalizaban los gastos, lógicamente) y si se hubiera puesto el acento en la persecución del fraude fiscal y de las cargas impositivas más proporcionales... Todo ello, en fin, forma parte del "¿qué hacer?", porque aún estamos a tiempo...

¿Qué hacer ahora?

Conocido es que los jerifaltes europeos denostan las políticas de crecimiento porque suponen más déficit y endeudamiento. Cierto, pero la economía necesita inyección inversora y alguien tiene que hacerlo, ya que no bancos, ni empresas, ni particulares. Y sería un endeudamiento temporal, dado que la adecuada motivación de la economía lograría retomar el crecimiento de empresas, la generación de empleo y el consumo de particulares, que volverían a pagar impuestos, lo que acabaría reduciendo las tasas de déficit y deuda a medio plazo. Es el camino que ha tomado Estados Unidos con resultados satisfactorios, por mucho que el Partido Republicano trate de instaurar la polítca de austeridad europea. Desde luego, la solución no son los recortes, que nos alejan de toda posibilidad de crecimiento y, como se ve, acaba elevando tanto déficit como deuda debido a que la economía no funciona y va hacia el colapso. La prueba la tenemos delante de nuestras narices: las autonomías que más han recortado son las que menos están creciendo: véase Castilla-La Mancha, auténtico laboratorio de pruebas de la teoría de la austeridad, que redujo su déficit del 7,9% en 2011 al 1,5% en 2012 a costa de desplomar su PIB un 3% el pasado año (frente a la media nacional del -1,4%) y sobrepasar la indignante barrera del 30% de paro. Un ejemplo más de los efectos de la austeridad. Pero no el único caso, desde luego. A nivel europeo se puede observar una clara relación directa entre esfuerzo presupuestario (reducción del déficit) y aumento de la tasa de paro: con Grecia, España, Portugal e Irlanda como principales damnificadas. Los países intervenidos son los que no se están recuperando.

Porque, vamos a ver, la economía, ¿para qué sirve? ¿Para cuadrar unos imputs y outputs sobre el papel o para intentar proporcionar bienestar a la ciudadanía? Si la respuesta es lo segundo, queda claro entonces lo que no hay que hacer. Y lo que se deben poner en marcha son ya medidas de estímulo del crecimiento (planes públicos de actividad económica y creación de empleo en conjunción con las empresas privadas de los principales sectores y de esos otros que deben ser estratégicos en el futuro), incluyendo la recuperación de la capacidad industrial que se ha ido perdiendo estos últimos años con las deslocalizaciones (apostando por mano de obra cualificada), fomento de la inyección crediticia a las empresas y emprendedores, persecución implacable del fraude fiscal para conformar un esquema económico más justo, recuperación y creación de impuestos para clases altas, fortunas patrimoniales, transacciones financieras de alto nivel, etc. que detraigan del exceso de capital lo que la clase media dinamizadora requiere para volver a crear tejido empresarial sano y lo que la sociedad entera necesita para volver a fomentar la educación pública (pilar fundamenteal de cara al futuro) y la sanidad pública (básica para el Estado del Bienestar). Ah, y de paso cargarse la reforma laboral que, como se ha visto, no sólo no crea empleo sino que precariza aún más la situación de los más débiles. Pero hay un gran impedimento para llevar a cabo esta política que, insisto, es una alternativa viable... Y ese impedimento se llama Unión Europea. Esto lo veremos en un próximo capítulo...

Galería de cifras (Fuentes: Le Monde Diplomatique y El País):